Escrito por Omar Martínez, estudiante de la Facultad de Artes, UAEM
PRELUDIO
Miércoles, 10 de junio de 2009 / Día 1 / 6:29 pm
Kilómetros de asfalto y el mito Tepoztlán. Una mole se levanta con piedra erosionada y colores habitables a sus faldas, rodea como sábana, se convierte en su cielo, donde ocurrirá el ocaso de sus dioses. Bienvenidos, luego “Pueblo Mágico”: construido como si se siguiera cualquier realismo mágico como guión, donde los conejos y pericos se usan como transporte, hombres barbados danzan en camisones y lámparas esféricas rodean la plaza. La memoria se da sitio acá; viene el danzón y el ritmo cubano, congas, la estrella blanca insertada en el triángulo rojo y las franjas blanquiazules, ya el aroma a café y el son llegan a la sala. Las calles pedregosas conducen a una arquería anaranjada que dibuja la danza del chinelo, infantes músicos y banderas sin escudo, debajo un coco recibe con mueca solazada, gira sobre una palma, en la portada la leyenda “Tercer Festival de la Memoria” y a la entrada la vivacidad musical de algún flautista de la Habana: “¡Pican, no pican los tamarindos que vende Olga!”.
A las once se presenta el equipo encargado de mostrar la realidad, una amena bienvenida tras los estragos ocurridos. El Ilhuicalli se convierte nuevamente en sala, la luz se apaga y el documental aparece. El Arenal es el encargado de la apertura, veredas con niños al trabajo y una mujer que llama a la negrota brota del plasma blancuzco; ahí mismo se verán personajes enloquecidos que se convierten en músicos apasionados, poetas que apelan al vacío y a la creación de un mundo propio, de un vistazo personal que conforma el mundo de lo visible, del mundo que el festival rescata, inmensidad de puntos salen a inmensidad de ojos: la locura, la rebeldía, la identidad, lo artístico, catarsis de lo existente.
INAUGURACIÓN
Miércoles, 10 de junio de 2009 / Día 1 / 11:57 pm
El ángelus en su esplendor y el Festival de la Memoria se presenta listo para el banderazo oficial. Coco tras coco y sus varias expresiones acompañan a la percusión, dieciseisavos en accelerando, el gran elefante toma el proyector y el auditorio toma la sala: acogida especial, con sonrisas libres y con el abrazo resuelto.
El hombre tras el estrado: Con más de treinta documentales en la sección oficial, la memoria despunta en la sala, el cine de lo real engalanado de pieles morenas y gesticulaciones alegres a la cubana;el festival rescata la tradición, el fervor, el sentir y la importancia de la joya del Atlántico. Sara Gómez, la cubana y Santiago Álvarez ahora en pantalla; Now! con ritmos demandantes que se mezclan y que acuerdan con el torbellino, el documental a base de documentos, enfocados a un ideal, una visión que no se olvida de lo formal en lo artístico.
Model Town nos remite al chocolate, al cubano en la producción, en el objeto como parte fundamental de la memoria y el recuerdo: ¿Hasta qué punto una barra de chocolate puede conmover? ¿A partir de cuándo se trabajan las presencias? Un objeto como determinante de lo existente, ahí se encuentra la verdadera clave de la objetividad no basada en el sujeto, sino en su alrededor. Sabor cremoso asociado a lo metálico, al cartel que ahuyenta a los problemáticos, a toda una generación marcada, al conflicto social que se viene en cadena, momentos en la mente del cubano a la silla.
¡Track, track, track, track! como la cadena de una bicicleta, así se expresa al oído la proyección en 16 mm, así se escucha la mirada hacia el Tepoztlán de los treintas, de aquél que tal vez se empapó del nacionalismo impulsado en todo el país, del Tepoztlán que tal vez se ocultó tras su cortina de cerros, de un amor con persecución a caballo, de una damisela robada y de un José Bohr con látigo: De eso va El látigo, del mirar al pasado y del análisis forzoso al que orilla la filosofía de la historia.
CRÓNICA 3
Jueves, 11 de junio de 2009 / Día 2 / 7:25 pm
Después de subir las escaleras amarillas y traspasar cortinas verdes, un rostro marcado por el tiempo se postra en los ojos. Rojos intensos y nubes multiformes que a cualquier poeta le encantaría interpretar; una lengua extraña, pero no ajena pasa por los oídos y deambula en el auditorio, la denuncia se suma a la tradición y lo exige, la lengua se aferra a no morir. El no morir se convierte en el motor primario, el permanecer en lo intangible –memoria, recuerdo – trasladado a lo tangible, ésta es la pugna del documental: Un joven director de apellido en rojo se disemina sobre su obra, ahí esta nuevamente la esencia, la identidad, ese muestreo de lo natural desconocido. Viejas moribundas, propaganda política, barrios mórbidos con seres que se elevan y se sostienen con un simple pedazo de papel; todo tomado y estampado en una cinta.
Lo artístico hace sus revelaciones con Paz, el escritor, ensayista, embajador, poeta, el hombre. El viento ha entrado en la arboleda y evidencia la convivencia de lenguajes, la literatura de la luz, el cine; y los historiadores de la luz son documentalistas, finalmente la Historia va de visiones varias y el viento escribe en la pantalla.
A las dieciocho treinta se presenta Documenta Morelos en el Salón Nilayam, de jóvenes universitarios y recién egresados. Nuevas propuestas, temáticas que hurgan en las llagas al más puro estilo naturalista, damiselas que se muestran como las cortesanas sufrientes decimonónicas, “piratas” como una de ellas lo menciona., el ambiente, el experimento de la familia y la escultura pesada. La proyección de documentales se realizó en los cielos del Nilayam, frente al Tepozteco, que sin lugar a dudas es su más veterano y memorioso espectador, conocedor de las historias y de La Historia gracias a su vista especuladora.
SUB SEDES
Jueves, 11 de junio de 2009 / Día 2 / 10:32 pm
Por la calle que conduce al Ilhuicalli una mujer se ladea al pisar la pedregosa banqueta. La plaza al frente y a la derecha otra calle con tonos amarillos y franjas naranjas que atraviesan los muros. Una parejilla de perros finos ladra con poco eco, tienen coraje, pero la mano con el coco les sorprende al paso. Hemos llegado a la luna, una luna con memoria gracias a la palabra SEDE. Una joven sobre las escaleras sonríe y un hombre con bigote que se abre como telón italiano recibe cándidamente, un porche con abrumadores espejos y paredes con madonnas y la última cena fingen el vejestorio de las paredes rosas; sobre un arco la frase siguiente: “Por este arco pasan las mujeres más bellas del mundo”. Un patio con sombrillas y humo por doquier; hay por ahí un cuartito con bebidas y miles de espectadores que cuelgan en las paredes, Nolde viene a la mente y las máscaras se burlan de los ahí presentes como las figuras de Magallanes. A la vuelta un acento con poca fuerza en las r: La representación del teatro del mundo se ha dado visita acá, las migraciones y las vidas cruzadas hacen referencia.
A las ocho menos ocho topo ahora con un nuevo empedrado, esta vez monumental, imposible de transitar. Otra voz conocida; después de transitar por los escalones con golondrinas increíbles en las esquinas, la mujer se toma la falda en ademán nervioso y con micrófono en mano, Alejandra Islas -directora del Tercer Festival de la Memoria – presenta documentales en el Tantra, un lugar con toque exótico y lámparas rodeadas de tela, al fondo la muralla de roca por fin es invadida por el ex-convento. Luego de los aplausos, los nombres de Fernando Guzzoni y Werner Giesen en la pantalla, y las líneas definen a una mujer pelirroja, un ataúd y unos labios ya secos mencionan amargamente: “¡…a la concha de su madre! Los últimos días de Stella La Colorina ensombrecen al sonido de los cubiertos y el abaniqueo.
Por fin descubro a mi izquierda la puerta de El Látigo y cañonazos rememoran a la batalla descrita por aquél ruso encarnizado en su obertura 1812. Panorama que quita las ansias de ver no ver. La bohemia de lámparas redondas y la oscuridad sobre mi cabeza quedan absorbidas por la imagen de un hombre al que llaman niño y que acapara multitudes. ¡Niño Fidencio, niño Fidencio! Vociforean quienes le conocieron y luego los que le miran en el zócalo: sede de la convivencia, pisoteado, transitado, a veces ignorado, hoy se llenó de otomíes y nuevos Mesías.
MATINÉE
Viernes, 12 de junio de 2009 / Día 3 / 1:05 pm
Todo se aprecia en calma desde fuera más al acercarse se percibe un murmullo, prontamente dos, más cerca y veinte, treinta, cincuenta, trescientos. Voces agudas ondean de un lado a otro, son observadas por caracolas que se funden en el más intimo y exhibido de sus besos, sube de tono hasta llenar la sala de exclamaciones dulces ante al amor pasional. Menudos cuerpos sobre las butacas, ruido por doquier, una pelea entre escarabajos les hace callar, todo es suspenso, luego un sforzando les sorprende, caen ambos y los niños también; al recuperarse se miran con extremidades voluminosas a la Kafka y sobre ellos caen gotas de lluvia, como bombardeo en septiembre, corren, la inercia les hace saltar de un lado a otro, se ve a los muchachillos de silla en silla como hormigas. Ruedan en el Microcosmos de las abejas, de la mariquita que les saca un “¡ah!” risueño al ser levantada de la hoja, el suelo se seca, hemos entrado a su mundo de manera animada.
Un gran grito pone orden y la bulla se calla, los créditos se van y la sala se vacía orientada por sujetos que piden orden por filas, la mañana se nos fue.
TOLEDO Y PERIPECIAS
(Para publicación ad libitum)
Francisco Toledo jala un papalote por las calles oaxaqueñas.
La parisina retrocede el tiempo del hombre, los grabados… la prueba.
“Mi padre……… trasladé…………” (Cortes de audio)
Ondas de sonido hacen que lo grotesco en lo artístico se presente sin intención.
Corte de audio, esto es como un tobogán, arriba – abajo.
Toledo
Oaxaca
Callado
Instantes de silencio, un silbido clásico del pan y el circo.
--------------------------------------------------
Se recupera, el aprendiz analizó.
Va de arriba para abajo, como el audio.
Aplauso ¡plac!, ¡plac!, ¡plac!
NOCHE CUBANA
Santiago Álvarez y Sara Gómez
Viernes, 12 de junio de 2009 / Día 3 / 11:42 pm
LA HOJA, circunscrita en estilos de jardín mezclados, con grabados en las paredes que llaman a lo atómico, lo compulsivo y el color en su faceta de reproducción. El estudio con retratos de Tepoztlán se cubre de negro, ahora ya pueden entrar los cubanos, con cara en alto y dichosos de su legado: su obra, sus hijos, sus cubanos. El acento de Damaris Díaz es vivo y cálido, nos despedimos de Fidel con trompetas y recibimos a una figura grande, mirada noble, de voz segura y de habla rápida al que su compañera llama Alfredo. Hernández Gómez son sus apellidos, su madre es gloria para él y él es gloria para su madre, su obra y el recuerdo: la inmortalidad en arte, Sara Gómez.
Le toca a Santiago Álvarez, gran encomendado de la memoria cubana, del ICAIC y del documental collage, el que da importancia al documento en sí, el lenguaje audiovisual revolucionado y reinterpretado. Now! Now! Now! repite Lena Horne sobre “fotos de todas partes” y PERSONAJES: “negros y policías norteamericanos” como admite Álvarez. La denuncia contra el racismo nunca fue más rítmica y punzante. Flashes a la pantalla y discursos sobre la hermosa Habana, su arquitectura, su magnífica educación y las prioridades gubernamentales.
Y tenemos sabor de 1967 a la pantalla del Tercer Festival de la Memoria de Documental Iberoamericano. Alfredo reconoce la influencia del neorrealismo italiano en la obra de Sara, Sarita como ella se acredita, la documentalista de la nueva visión revolucionaria en Cuba. Cubanos con puros y café de todas edades muestran instrumentos, de pronto cucharas en las manos marcan el pulso, las claves dan al son y al guaguancó un sabor sabrosísimo: claves, dos palos de escoba. Bongo, güiro y tumbadora ¡cha cha chá! tres veces y rítmico en el nombre, induce a la música. La influencia africana y de la ópera italiana, lo propio de Cuba: mezcla dulce, sensual, habaneras, danzón, boleros, la risa blanquecina y los cuerpos quebrados al bailar. La tradición, la memoria cubana vive.
Los bríos de la era nueva, el sistema social es plasmado en Sobre horas extras y trabajo voluntario documento visual de la cumbre de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), el ánimo y la transformada cosmovisión del pueblo cubano cobra vida en la cámara de Sara Gómez, forjadora de memoria.



